Monday, April 17, 2006

Las reglas del Zahir

Pues ayer terminé de leerme El Zahir, porque de otra manera no podía ponerme a leer El Quijote, jejeje... Sólo puedo decir que mi libro favorito de Paulo Coelho sigue siendo Verónika decide morir, y no es que éste no me haya gustado, sino que el principio me gustó tanto que creo que me esperaba más del final... En fin, me gustaría reproducir aquí un fragmento del libro, que no es precisamente del principio (porque de esa parte no sabría cuál escoger jeje) sino más bien del final:


El Zahir todopoderoso parecía nacer en cada ser humano, ganar su fuerza total durante la infancia e imponer sus reglas, que a partir de entonces serán siempre respetadas:

La gente diferente es peligrosa, pertenece a otra tribu, quiere nuestras tierras y a nuestras mujeres.

Tenemos que casarnos, tener hijos, reproducir la especie.

El amor es pequeño, sólo da para una persona y cuidado: cualquier intento de decir que el corazón es mayor que eso se considera maldito.

Cuando nos casamos, estamos autorizados a tomar posesión del cuerpo y del alma del otro.

Tenemos que trabajar en algo que detestamos porque formamos parte de una sociedad organizada, y si todos hicieran lo que les gusta, el mundo no avanzaría hacia adelante.

Hay que comprar joyas; nos identifican con nuestra tribu, igual que los piercings identifican a una tribu diferente.

Debemos ser simpáticos y tratar con ironía a la gente que expresa sus sentimientos; es un peligro para la tribu dejar que uno de sus miembros muestre lo que siente.

Es preciso evitar al máximo decir "no", porque gustamos más cuando decimos "sí", y eso nos permite sobrevivir en un terreno hostil.

Lo que los demás piensan es más importante que lo que sentimos.

Jamás hagas escándalos, puedes llamar la atención de una tribu enemiga.

Si te comportas de modo diferente, serás expulsado de la tribu porque puedes contagiar a los demás y desintegrar lo que ha sido tan difícil de organizar.

Debemos tener siempre en mente cómo permanecer dentro de nuestras chozas, y si no sabemos, llamamos a un decorador, que hará lo mejor para demostrarles a los demás que tenemos buen gusto.

Hay que comer tres veces al día, incluso sin hambre; debemos ayunar cuando nos salimos de los cánones de belleza, aunque estemos hambrientos.

Debemos vestirnos como manda la moda, hacer el amor con o sin ganas, matar en nombre de las fronteras, desear que el tiempo pase deprisa y que llegue la jubilación, elegir a los políticos, quejarnos del coste de la vida, cambiar de peinado, maldecir a los que son diferentes, ir a un culto religioso los domingos, o los sábados, o los viernes, dependiendo de la religión, y allí pedir perdón por nuestros pecados, llenarnos de orgullo porque conocemos la verdad y despreciar a otra tribu que adora a un dios falso.

Nuestros hijos deben seguir nuestros pasos; después de todo, somos mayores y conocemos el mundo.

Tener siempre un título universitario, aunque no vayamos a conseguir un trabajo en aquello que nos obligaron a escoger como profesión.

Estudiar cosas que jamás usaremos, pero que alguien dijo que era importante saber: álgebra, trigonometría o el código Hammurabi.

Jamás disgustar a nuestros padres, incluso aunque eso signifique renunciar a aquello que nos hace felices.

Escuchar música a volumen bajo, hablar bajo, llorar a escondidas, porque yo soy el Zahir todopoderoso, aquel que dictó las reglas del juego, la distancia de los raíles, la idea del éxito, la manera de amar, la importancia de las recompensas.

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